Acto de apertura Llamada del Párroco a las Hermandades
Día de Santa Ana. Eucaristía de los abuelos  

 

 

DIA DE SANTA ANA

Eucaristía de los abuelos

 

La comunidad eucarística es una comunidad de Caridad, de Oración y de acción de Gracias, una comunidad de vida en la que todos somos conscientes y celebramos la presencia real de Cristo Jesús entre nosotros adorando su imagen visible en las materias del Pan y del Vino y en nuestros hermanos mas pobres y necesitados. Nuestra comunidad debe bautizar otra vez, debe acoger y dar nombre a todos y a cada uno de nuestros ancianos en un Sacramento, en un signo visible de amor y de compañía.

Para llevar a cabo ese compromiso las comunidades cristianas tenemos que dar una respuesta verdadera, inspirada en la Eucaristía, a todas las esperanzas, grandes y pequeñas de nuestros ancianos.

Tenemos que responder a la pequeña esperanza de poder vivir cada anciano su propia vida, combatiendo su soledad con nuestra presencia solidaria y generosa, con nuestra compañía.

Tenemos que responder a su esperanza de libertad respetando su dignidad y su autonomía, liberando a la Tercera Edad de todas las cosas que la esclavizan y que la hacen vivir en desventaja con el resto de la sociedad.

Tenemos que responder a su esperanza de una vida sana ayudándoles a superar sus debilidades, caminando a su paso, adaptando nuestras vidas, nuestras familias, nuestras asociaciones a sus necesidades, dándole tanta importancia o más a su voz que a su voto, teniéndolos en cuenta en nuestras casas, en nuestro trabajo, en nuestra vida pública, en nuestras fiestas.

Tenemos que responder a su esperanza de poder seguir comiendo nuestro mismo Pan sentándolos en nuestra mesa, invitándolos a compartir nuestros cultos y nuestros sacramentos, manteniéndolos activos en la catequesis y la vida parroquial, adaptando nuestras celebraciones eucarísticas a sus condiciones físicas, a su memoria y a sus afectos.

Tenemos que responder a su esperanza de reconciliación con ellos mismos y con su vida ayudándoles a sanar el pasado mediante e! recuerdo y animándolos a vivir en una ilusión renovada día a día que sepa aceptar su inseguridad, fortalecer su paciencia y allanar su camino hacia Dios por medio de la propia conversión.

La comunidad eucarística tiene para con nuestros ancianos un deber de justicia porque no puede existir banquete mientras quede alguien sin alimento, ni fiesta mientras exista alguna forma de esclavitud, ni adoración sin servicio a los más pobres y necesitados.

También vosotros los ancianos formáis parte de esta Comunidad y para que puedan cumplirse vuestras esperanzas y permanecer todos unidos en esta Eucaristía tenéis que estar dispuestos a formar parte de ella con todas sus consecuencias. Tenéis que superar la tensión de sentiros desplazados y acudir al Ágape en actitud de participación comunitaria. Acompañad nuestros cantos, dadle la paz a quien os la desea y la mano a quien está a vuestro lado rezándole al mismo Padre.

Dejaos servir por vuestra comunidad; no os empecinéis en actitudes tercas y trasnochadas; tened la humildad de reconocer vuestras debilidades y la alegría de sentir el amor de nuestro hermano ayudándoos a superarlas. No os engañéis a vosotros mismos ni a los demás haciéndoos los fuertes y los felices mientras la procesión va por dentro. Ayudadnos a compartir vuestra vida y así todo será más fácil. Seguid queriéndonos cada día pero dejaros querer también cada día un poco más.

Por último, haced por vuestra vida lo que los demás no hacen. No le echéis la culpa al mundo de todo lo que os pasa porque nadie es absolutamente víctima. Empezad a ser libres practicando la libertad en vosotros mismos. Dalle gracias al Señor cada mañana prometiendo vivir la vida en plenitud.

Mirad que vivir bien la ancianidad no es sino conocer y saber vivir el arte de la vida. Despertarse, como dice un famoso proverbio chino, convencidos de que cada día es un buen día. Porque e! arte de !a vida no es gastarla, ni apurarla hasta el límite de nuestras fuerzas, ni andar regateando la muerte el dolor o la cojera.

El arte de la vida es seguir llamándome por mi nombre, por el que siempre todos me conocieron, y no entrar en el saco oscuro de los achaques anónimos, del temblor senil que a todos nos alcanza, del chochee comunitario que parece como si todos los viejos fuésemos iguales y ya nadie pudiera distinguir a uno del otro.

El arte de vivir es no dejar de ser yo; no convertirme en otro hombre, otro viejo igual que los demás. No confundirme en el montón, en la gran cazuela que el mundo llena con la impersonal ración de sus grandes esperanzas. Continuar comiendo de mi plato mi frugal comida cotidiana, escasa tal vez, pero mía propia, sin que nadie me imponga su alimento.

Y después de haberle echado todos mis años a la vida, que ésta siga siendo absolutamente mía, que nadie me la expropie para que pueda paladearla lentamente y recrearme en el adagio final de mi existencia, allí donde se juntan todos los acordes que he vivido, que yo sabré hacer sonar cada instrumento, pronunciar sin prisas sus sonidos y vivir el último movimiento de mis días, lento, tranquilo y confiado en la armonía y la paz de mi esperanza.



José María Rubio Rubio

 

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LLAMADA DEL PÁRROCO A LAS HERMANDADES CON MOTIVO DEL AÑO JUBILAR

 

 

Un Año Jubilar es un tiempo de Gracia de Dios Nuestro Señor que, eterna es su misericordia, nos llama a la conversión, nos acoge y nos abraza como el padre al hijo pródigo concediéndonos su indulgencia. Para la comunidad parroquial, sus hermandades e instituciones, el Año Jubilar es una feliz oportunidad que el Señor nos brinda para purificar y vivificar la vida parroquial y no la podemos desaprovechar. Toda la vida de la parroquia, sus actividades y sus cultos, deben estar de alguna manera transformados por esta Gracia y así debe manifestarse durante todo el Año Litúrgico.

Los cultos de las hermandades parroquiales y aquellas de Triana que tradicionalmente los celebran en nuestro templo o nos visitan en su Estación de Penitencia, tienen en esta ocasión el valor añadido extraordinario que SS el Papa nos ha concedido y por el que sus hermanos y devotos pueden ganar el Jubileo. La Hermandad de la Virgen del Carmen de Santa Ana ha sido la primera en cruzar la Puerta Santa peregrinando desde la capilla de Ntra. Sra. del Rocío y cumpliendo las condiciones de la Penitenciaría Apostólica, esto es: Peregrinación al templo jubilar, Confesión Sacramental el mismo día de la peregrinación, ocho días antes u ocho días después y Comunión Eucarística el día de la peregrinación. Orar por las intenciones del Papa rezando un Credo, un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Agradecido a las hermandades y cofradías que participaron en la Apertura del Año Santo, que resultó realmente solemne y admirable gracias a su colaboración, os invito a preparar y celebrar vuestros cultos anuales en el espíritu jubilar que este año nos convoca.


Sevilla, 17 de julio de 2016

Eugenio Hernández Martínez

 

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ACTO DE APERTURA


Ayer tarde, 10 de julio de 2016 a las veinte horas, una comitiva procesional encabezada por la cruz parroquial y constituida por las insignias y hermanos mayores de las hermandades de la feligresía presididos por el Sr. Arzobispo de Sevilla Excmo. Sr. D. Juan José Asenjo Pelegrina, salía de la Capilla de la Esperanza de Triana en dirección al templo de Santa Ana a los 750 años de su fundación. El calor acostumbrado a esta hora de verano pesaba en la calle Pureza que aparecía despejada y limpia al pausado avance de la procesión entonando la Letanía de los Santos.

El monumento más antiguo de Triana, iglesia y casa de los trianeros, lucía engalanada de gallardetes su esbelta torre, el atrio y sus alrededores. Dos pancartas con la imagen de la cruz parroquial del siglo XVII y la leyenda “Puerta Jubilar” flanqueaban la más antigua de Vázquez de Leca adornada de flores sus herrajes, brillantes los moldurones y limpia la madera, ante la que se detuvo la procesión. El Sr. Cura Párroco, D. Eugenio Hernández Martínez, leyó el texto del Evangelio en el que San Lucas relata la escena de Jesús en la sinagoga de Nazaret y a continuación el Sr. Vicario, D Manuel Azcárate Cruzado, dio lectura a la Bula de la Penitenciaría Apostólica en la que se anuncia que Su Santidad el papa Francisco, ha concedido la gracia de un Año Jubilar a la Real Parroquia de Santa Ana tal como le había solicitado nuestro arzobispo D. Juan José Asenjo con motivo del 750 aniversario de su fundación por el rey Alfonso X el Sabio agradecido a un milagro obrado en sus ojos enfermos gracias a la intercesión de Santa Ana, madre de la Virgen María. Los escudos de Castilla y León que la coronan desde el siglo XIII, se estremecieron cuando el Sr. Arzobispo, tras rezar la oración del ritual, golpeó con un martillo de bronce la puerta cerrada y esta se abrió entre un alto y potente repique de las campanas.

El templo, abarrotado de fieles, se llenó con la potente voz del órgano resonando bajo las bóvedas centenarias mientras la comitiva, presidida por el Sr. Arzobispo, enfilaba la crujía hacia el presbiterio para comenzar la celebración con el coro cantando el salmo de entrada. Representantes de las autoridades e instituciones del barrio y de la ciudad, de las hermandades y cofradías de Triana y de las fundadas en la Real Parroquia, ocupaban los primeros bancos al pie del altar.

La Eucaristía, concelebrada por el párroco, los vicarios de Santa Ana y otros sacerdotes del arciprestazgo fue seguida y participada con alegría, respeto y devoción por los numerosísimos fieles. En su homilía, el Sr. Arzobispo nos expresó los deseos y frutos que le imploraba al Señor en este tiempo de gracia que es el Año Jubilar en el que la comunidad parroquial es llamada por el Señor a la conversión y a la santificación: que fuésemos una comunidad viva, unida, fraternal, orante y misionera.

Con los agradecimientos del Sr. Arzobispo y del Párroco a los concelebrantes y a todos los que habían participado en este acto jubilar y tras la Bendición Papal especialmente concedida por el Santo Padre para esta ocasión, concluyó la Eucaristía con el canto de la Salve a la Stma. Virgen María.

LAUS DEO

José María Rubio Rubio

Secretario de la Comisión del 750 Aniversario

 

 

 

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